Thursday, April 10, 2008

A Roberto Mallea Alcántar (08.02.1983 - 08.04.2008)

Roberto:
Sé que me estás leyendo en este instante. La última vez que nos vimos me contaste que leías religiosamente las sandeces que escribo acá.
Quién iba a pensar que esa vez, al calor de la poesía, nos íbamos a dar la despedida definitiva. De haber sabido tal cosa, hubiera aprovechado de expresar miles de cosas.
Simplemente este 8 de Abril ha sido el día más triste que he vivido en este cuarto de siglo de vida. Saber que el camino que a diario tomabas para cumplir tus metas y sueños, fue irónicamente la vía que acabó con tu vida, Y DE UN MODO TAN TORPE!!!, me hace sentir mucha pena y angustia.
Cuando recibí ese llamado desde la casa de mi tía, contando la triste nueva, vi pasar muchas cosas, imágenes, sonidos de la época en que éramos unos niños estudiantes del Instituto Nacional. Años de felicidad, de amistad, de camaradería, y también de penas profundas...son cosas que en el pecho han de quedar marcadas a fuego.
No lo concibo. Tiembla la fe, Roberto, cuando noto que un hombre bueno, correcto, de jerarquía, incorruptible, de una honradez y una fe férrea en la vida, una pasión descontrolada hacía la vocación que abrazaste, que es la Medicina, termina su residencia en la Tierra cubierto con una lona, entre los fierros retorcidos de un automóvil. Es cruel y desmedido, en atención a todas aquellas cualidades humanas que nos mostraste durante todos estos años.
VUELVE A TEMBLAR LA FE!!! cuando uno ve tanta maldad, inmundicia, corrupción, tanta cochinada y decadencia junta que este mundo enfermo de canalla vomita a cada momento, y que quienes profesan esta antihumanidad bastarda, en vez de estar boca arriba están más vivos que nunca, y sin embargo tú, que fuiste una lumbrera para todos quienes te conocimos, ocupas desde ayer el lugar que nunca imaginamos que irías a ocupar tan pronto.
¿Sufriste, Roberto? ¿Fue difícil cruzar el umbral de la vida? Para una persona como tú, de una fe y una lógica indestructible, haber ido hacia la luz debe haber sido relativamente fácil. Para nosotros, los que nos quedamos en la Tierra, nos cuesta entender en nuestra lógica que esto que ha pasado haya sido posible.
Tú, un amante de la literatura, de la Medicina, la pasión de tu vida, ávido de conocimientos, una memoria privilegiada, un hombre cultísimo, una personalidad ordenada, sin vicios, con muchas virtudes, con un humor inconfundible...Fuiste testigo en tu profesión de cuantos indecibles males y sufrimientos hay, y sin embargo, obstinadamente seguiste adelante mostrando el lado bueno de la existencia. ¿Porqué, entonces, te fuiste?
En estos momentos es cuando creo firmemente que, ante la magnitud de tu paciencia (presente en cada una de las bromas que varias veces te gastamos), tu capacidad de escuchar, que fue la melodía más bella que nos interpretaste, tu generosidad y honradez eternas, me hace pensar que estuve siempre cerca de un ángel.
Un ángel. Eso fuiste.
Por eso es que hoy, al asistir a tu velatorio, tu familia, a quien siempre he admirado por su humildad y su fe, estaban con una paz digna de alabanza. Porque en verdad, todos en nuestros corazones tenemos la confianza en que tú has llegado a los brazos del Padre bueno y eterno, quien te ha mostrado todas las maravillas del Universo, y que en este instante estás reunido con tu bellísima madre y tu buen abuelo, que un día también cerraron sus ojos a la vida terrenal.
VOLVERÁ LA FE! cuando nosotros, tus compañeros de antaño y amigos al fin, asistamos a tu morada definitiva a despedirnos como corresponde, así como un hermano le responde a otro hermano. La vida nos llevó por distintos caminos a todos, pero hoy volvemos al origen, a la más tierna infancia, que es de donde nunca debimos haber salido, a darte las gracias, confiados en que algún día nos volveremos a ver, probablemente en un aula eterna, todos otra vez escuchando las lecciones de un maestro.
Tan sólo, y patudamente, te pido que a todos nos des harta fuerza. Nuestro mundo nos ofrece desafíos tremendos y a veces las energías flaquean. El camino es largo, pero tu recuerdo hará que ese camino sea blando, frondoso, que quien lo recorra con gusto lo hará.
Así, pues, mi buen Roberto, espero que en el Elíseo estés leyendo esto. Quiero que sepas que acá, mis papás, mis hermanos, tus compañeros y profesores, y yo personalmente, te queremos mucho y que nunca te vamos a echar al olvido y que en cada cosa que llevemos a cabo te haremos honor.
Te dedico esta canción:
http://www.freewebtown.com/puaconrombosman/playlists/24308/172536.mp3

Wednesday, March 26, 2008

¿Porqué Colo-Colo es Chile?

El título, debo aclarar, no es una arenga deportiva ni del tipo de banderías o partidos de simpatizantes ni mucho menos. Si de fútbol se trata, pese a estar más cercano a este club deportivo, reconozco que otros clubes han hecho grandes méritos como para sentirse orgulloso en mi calidad de amante del deporte que hace la paz y estimula la amistad y el cultivo de la mente y el cuerpo humano, llámese la U. de Chile de 1994 y 1995, Cobreloa de 1980 y 1981, Colo-Colo de 1973, 1991, 2006 y 2007, y otros equipos menores pero igual de empeñosos como son actualmente Ñublense de Chillán, Everton de Viña del Mar, etc.

Sin embargo, lo que escribiré hoy no tiene nada que ver con eso.

Estaba leyendo en internet hoy que el director técnico de Colo-Colo, Claudio Borghi, renunció a su cargo en el club. El motivo aparentemente sería un lío entre los mandamases del club, la concesionaria Blanco y Negro, por la negociación del pago de premios por logros deportivos que tenga el equipo.

Borghi, como buen conductor cual pastor con su ganado, fue la cabeza de una negociación que hace justicia hacia los logros deportivos del club que dirige en directa proporción de las voluptuosas ganancias que los concesionarios han tenido a costillas de ello. Dentro de los célebres accionistas están el empresario Gabriel Ruiz-Tagle y el pierdeteuna Sebastián Piñera, inefable mercachifles del medio local, que cuanto centímetro cuadrado de tierra y centavo de dinero se ha apropiado a falta de medios que detengan su devastación social y política.

Ciertamente Colo-Colo, haciendo una revista hacia los otros equipos de la liga de fútbol chilena, es sin duda el que mayores ganancias económicas tiene y ostenta los mejores sueldos del medio, cosa que otros clubes no podrían siquiera estar cerca de ello.

Curioso es entonces darse cuenta que, ante tan grandes ganancias, la torta no se reparte de manera equitativa, en Colo-Colo ni en ningún club. Unos, teniendo cómo mantener felices y contentos a sus trabajadores, un plantel de 22 jugadores más un grupo de técnicos entendidos en la materia deportiva, prefieren los mandamases mantener a migajazos a los que en verdad le han dado gloria y triunfos al club. Otros, por su lado, tienen que saber sobrevivir para poder pagarle sus sueldos a sus jugadores, casi raspando la olla.

Si lleváramos esto al plano meramente económico, tendríamos que clubes como Lota Schwager, Ñublense, Audax, y otros tantos, serían como las pequeñas empresas, mientras que Colo-Colo, Universidad de Chile, Universidad Católica, los equipos "grandes" en general, serían como las grandes empresas. El gobierno chileno desde hace unos años pretende incentivar la conversión de los clubes a Sociedades Anónimas. Qué mejor manera de empezar, generando la quiebra de los dos clubes más grandes y populares de Chile, mismamente Colo-Colo y la Universidad de Chile. Así tenemos a toda la chusma empresarial mamándole la sangre a un nicho que jámas habían explotado, que es el fútbol. No por menos Sebastián Piñera, hincha declarado de Universidad Católica, hoy se declara hipócritamente hincha de Colo-Colo puesto que es un accionista mayor dentro de esa concesión.

("Tú sabes que el dinero no lo es todo en el dinero", le dijo Homero a Marge en un episodio de los Simpson)

Del mismo modo que hoy el Gobierno apoya a las grandes empresas, cual de todas más transnacionales e invasivas, también busca ahogar a las PYMES, que son las que más empleo entregan en Chile, con cargas impositivas irritantes, con créditos asfixiantes, con exigencias laborales imposibles de cumplir por culpa de lo anteriormente dicho. Metafóricamente muchos clubes pequeños se encuentran próximos a la quiebra, por lo que es dable que, o desaparezcan definitivamente, dejando a miles de hinchas sin motivos de actividad, o que piratas como Piñera se compren varios clubes en quiebra, lo que provocaría el hecho inédito en esta tierra que una misma persona sea hincha acérrima de varios clubes a la vez, aceptando no sólo que sea hasta dueño de la Unión Veterana de Peumo, sino que podríamos ver el triste espectáculo que el poder del dinero finalmente decida la dinámica de los campeonatos de fútbol de ahora en adelante.

Y del mismo modo como hoy los grandes empresarios chilenos, los Angelinis, los Luksics, los Paulmanns, los Mattes y los Larraínes, abusan de los trabajadores chilenos, quedándose con 4/5 de la torta nacional, coimeando a cuanto político haya en nuestro país para que sus exigencias abusivas se hagan ley ("lobby" le llaman en la actualidad), y permitiendo de ese modo que el abuso laboral, la desigualdad social y cuantos males surgen de eso (sean la delincuencia y la ociosidad en todas sus expresiones posibles), tenemos que la gran empresa Colo-Colo S.A. abusa de sus trabajadores también. Así como en SODIMAC, LIDER, CENCOSUD, FALABELLA y cuantas empresas de esa laya hay, que modifican los contratos unilateralmente a sus trabajadores, que los sancionan sin respaldo de la legislación vigente, que no pagan los incentivos que se prometen, y que a fin de cuentas ofenden la dignidad laboral (presente incluso desde la encíclica "Rerum Novarum" expuesta por el Papa León XIII), Colo-Colo se queda con casi todas las ganancias y a los jugadores, ante los méritos y los logros cometidos, se les muestra el pico en señal de abuso, de demostrar quién manda en este país.

La realidad de Colo-Colo hoy, con la cabeza de Borghi rodando en pos del neoliberalismo al peo que se da en Chile, donde el saqueo de los grandes grupos económicos es el pan de todos los días, muestra por ende la realidad laboral y económica de nuestra larga y angosta faja de hipocresía.

Entonces, ¿ES COLO-COLO CHILE, O NO?

Thursday, March 13, 2008

"No hay ni que hablar, amigo, es peligroso..."

Qué sabia esa frase de la "Cantata Santa María de Iquique", de mi buen amigo y finado don Luis Advis.

Afortunadamante, debo decir con orgullo que en mi formación profesional tuve entre mis profesores a personas (como Advis), que no sólo aportaban conocimientos acabados sobre cualquier tema, sino que se encargaban de que cada estudiante además tuviera el espacio amplio para debatir, discernir, reflexionar, o por último criticar sin temor. En otras palabras, ellos te forjaban el carácter como profesional.

(Años atrás, uno de mis profesores de cabecera, la cumbre sudamericana del fagot, cuando vio que andaba aproblemado por culpa de una profesora de mierda que me agredía y hostigaba en clases, me instó sin temor a que pusiera las cosas en su lugar como merecía tal situación; fui a parar a tribunales, por la prepotencia y descaro de dicha "académica", pero finalmente la verdad se transformó en justicia, y la señora ésta fue sancionada como se lo merecía.)

¿Porqué habré citado esta canción? Pues, me ha surgido una inquietud. Esa frase a mi juicio representa un mal social de esta larga y angosta faja de hipocresía. El chileno le tiene temor a opinar, porque aparentemente algún tipo de fuerza poderosa y omnipotente es capaz de aniquilar a quien lo haga. Por eso es que, socialmente, quien tenga el suficiente criterio, pensamiento y labia para decir cosas interesantes siempre tiene que cargar con el temor de quien no se atreve a hacerlo. O más aun, el rechazo, las típica reacciones: descalificar al opinante con epítetos como "resentido", "no tienes idea", "ignorante", "qué sabes tú", "qué opinión más vana", "ay que eres chanta", o definitivamente descalificar con palabrotas de grueso calibre, que muestran cómo las personas, ante la crítica, se colocan en una actitud defensiva sin ser atacados.

El actuar del chileno ante estas situaciones llega a ser típico: el temor a la opinión hace que la gente termine aceptando lo que no le gusta. Gustosos los hombres de esta patria comen mierda a falta de algo mejor que comer, y el que no come se muere de hambre (pero sin bichos). Y para colmo de la degradación mental de nosotros los chilenos, más encima se termina defendiendo lo indefendible, lo que por naturaleza, entre personas normales, jamás nadie se atrevería a decir algo a favor.

Recuerdo hace un tiempo que Fernando Villegas, del cual no me pierdo nunca sus columnas de opinión en La Tercera ni sus intervenciones en Tolerancia Cero, precisamente en este último programa mencionaba algo parecido a lo que escribo ahora: hacía alusión a que su imagen entre la gente es de rechazo, y que la opinión que se tenía de él es de una persona intolerante e irrespetuosa. Entonces él decía "seguramente Joaquín Lavín, con su cara de santurrón y su voz de pito es más tolerante que yo, que digo las cosas como son". Claro, si Villegas es considerado intolerante porque una vez le dijo a un ministro en el programa que era un ignorante, un farsante, y que sería incapaz de responder la PSU ahora, porque aprobó la puesta en marcha del Transantiago cuando no había ninguna obra pública realizada en la ciudad, entonces lo "correcto" sería decirle cualquiera de los eufemismos que uno encuentra a la vuelta de la esquina, en la prensa, la televisión, doquiera que uno vaya. Si Villegas es intolerante, entonces en qué categoría estarán los que dicen "Dios hizo al hombre para la mujer", "los peruanos nos vienen a quitar el trabajo", "no te vistas así que te ves ridículo", "el agua caliente es para las señoritas", o cosas así. O sea, el temor a la crítica, a la opinión por ácida que sea, hizo que en este país se trastocaran todos los conceptos relativos a la intolerancia. Acá la tolerancia es intolerancia y vicecersa. O más bien el que alza la voz es intolerante e irrespetuoso.

Es grave que algo así ocurra. Y créanme que me ocurre a diario. Yo a veces me explico esto en el sentido que, favorablemente, desde chico fui formado de manera estricta, y hubo siempre personas en mi formación que se encargaron de decirme lo que estaba bien o mal. Y como cuando uno es niño no es capaz de verse a sí mismo de manera objetiva, la opinión de los otros duele, pero se soporta. Ahora de viejo uno aprende a verse a sí mismo, y aprende por ende a ser autocrítico, y desde ahí se despliega la crítica hacia el exterior. No quiero parecer presuntuoso, pero no me gusta aparentar modestia, porque para mí la falsa modestia demuestra debilidad y mediocridad, pero creo que esa formación me ha hecho bien, y me ha hecho ser la persona admirada y respetada que soy, tanto en la Universidad de Chile como en todos los lugares donde me desenvuelvo.

Otras personas, y no los culpo, padecen de ese temor crónico a abrir la boca. ¿Qué habría sido de este país si Pía Guzmán le hubiera dicho al país quiénes eran los parlamentarios que se metían con niños en las fiestas de Spiniak? ¿Qué habría sido de nuestro fútbol si el cóndor Rojas hubiera dicho desde un comienzo que él se cortó la ceja? Padecemos como chilenos del encubrimiento mental y físico de las cosas. Si hay algo que hay que rescatar de la "farándula" inefable que abunda en los medios chabacanos, es que son patudamente ácidos, críticos y con la fortaleza suficiente para poner al descubierto cosas que usualmente no se ven. Y tal vez esas características, a nosotros como ciudadanos comunes y corrientes, nos falta en la justa medida.

Esperar un cambio cultural en todo nuestro entorno es utópico casi. Pero de a poco se empieza. Recuerdo que mi buen colega don Jorge Morán, años atrás en esas largas conversaciones de profesor a estudiante, me indicaba lo mal que se hace en algunos colegios, donde se afirma que a sus alumnos se les forma en la reflexión, en el respeto y en la integración. Pero, cuando el alumno reflexiona y echa su reflexión fuera, el profesor le pone la pata encima, lo echa para afuera, lo anota en el libro de clases, y cagó la reflexión. Peor aun, cuando se les insta a debatir, los alumnos como no tienen un ejemplo claro de lo que es eso, muchas veces por una cosa poca terminan a golpes (o a balazos, como he sabido que ocurre en algunos liceos). Ni hablar de la integración: al niño sistemáticamente se le educa para que niegue su cuerpo, para que atrofie su mente, y para que se neutralice su espíritu. A la larga, tenemos el ciudadano modelo de Chile, una persona que no opina, no se instruye, no mueve su cacumen, dice sí a todo, y mucho menos se cultiva de manera integral.

(Gracias a Dios que no soy ese tipo de profesores. Es fácil hacer callar a alguien, pero yo no soy fácil, y por lo mismo no me gusta que los demás lo sean).

A nivel de universidad también tuve mucha suerte en ese sentido. El mismísimo Morán nos permitía explayarnos de manera importante. Tanto así, que su clase, que duraba de 8.30 a 10.00, terminaba extendiéndose hasta las 12.00 o incluso terminábamos almorzando en el casino de la facultad. Otra clase que me marcó profundamente fue la de Espinoza, en fagot. Todos llegábamos a las 15.30 a clases. A diferencia de las clases de otros instrumentistas, que son individuales y de 1 hora, la nuestra es toda la tarde, y con todos dentro. Nos escuchamos, aprendemos de los demás, y además el profesor nos permite opinar y recibir opiniones de nuestros propios compañeros. Es una retroalimentación eterna, y hace bastante bien. La muestra de eso se nota en que, cada vez que alguno de nosotros toca en conjunto, la buena onda se deja sentir. Nada de peleas ni egos de "artista". Todos se tratan de igual a igual.

En fin... son cosas que pasan. Lo cierto es que yo sigo así, incólume.

Monday, March 10, 2008

"Viento Blanco": la elite cultural se revuelca en su propia porquería.

Sobre la música:

Musicalmente esta ópera pretende hacer todo tipo de artificios con la orquesta. Probablemente si la orquesta hubiese sido más reducida y con menos artificios la ópera se hubiera escuchado tal vez más atractiva y menos agobiante. La idea principal de una ópera en cuanto a su música es que todo cuanto coadyuve a la trama sea relacionada, tenga una sintaxis clara y que a través del sonido mismo la comprensión de los estados de ánimo, de las situaciones distintas de un transcurso teatral sean más comprensibles. Eso ha sido ineludible en toda la historia de la música occidental, en los distintos períodos de ésta: el barroco era prodigo en retóricas musicales, el clasicismo hace lo suyo aportando mayor racionalidad, pero también mostrando algunos códigos artificiosos elocuentes; la ópera romántica es clara en el fluir de emociones y afectos propios del período.Esta ópera, musicalmente, a mi juicio presenta una dicotomía entre lo que el drama teatral propone y lo que la música hace. En el fondo, la música se transforma en un ingrato acompañante de lo teatral, un "convidado de piedra", lleno de figuraciones sin sentido de clarinetes y flautas, notas excesivamente tenidas, golpes "armónicos" (si se pudiera llamar) de tubas que tampoco tienen una relación con lo que ocurre en el escenario, y una batería de percusiones absolutamente innecesaria. "Poco es mucho", dicen.
Las partes cantadas no están en mejor posición. Las melodías de los solistas tienen un movimiento tan lento que a la larga comienza a sentirse la acción casi como en cámara lenta. Los textos redundan y y la música así mismo se detiene innecesariamente, no hay un fluir, no hay un canto bello sino más bien un "llenar de notas" las voces de los solistas, tratando de abarcar ampliamente sus registros, produciendo de ese modo melodías abigarradas, pesantes y de mal gusto. Mención aparte merece el uso de modismos en el texto de la obra. Un ejemplo: una palabra como "huevón", cuya entonación es tan peculiar en nuestro lenguaje nacional, y por cuya declamación es reconocido el acento chileno dentro del idioma español, es utilizada de una manera tan ridícula y siútica, que en verdad no pareciera ser dicha por los personajes de la ópera, en su mayoría extraídos del pueblo llano. Es más llenador del espiritu escuchar esta chilena palabra en canciones populares, folclóricas o picarescas, en donde es más probable escucharla de manera más natural y graciosa. Se nota que quien compuso esta ópera jamás ha pasado un minuto de su vida compartiendo con los personajes cercanos a esta ópera, y si en caso que él utilizara la palabra "huevón" por ejemplo en su lenguaje diario, sin duda que lo debe hacer de una manera muy siútica y sin substancia, ridiculizando obviamente nuestro acento chileno. Los cantantes sin duda merecen ser felicitados por el esfuerzo. Carmen Luisa Letelier, en el papel de la madre del recluta nº2, pese a ser poca su aparición, realizó su parte de manera sobresaliente. Lo mismo para Juan Pablo Dupré, Sergio Gallardo y Marcelo Miranda, en los roles de los reclutas. Pablo Oyanedel, que personificó al comandante en jefe, pese a su excelente dominio vocal, lamentablemente, por culpa de la orquestación y de la falta de brillantez de su intervención melódica, no pudo sobresalir con la grandeza debida en su condición de general que da la cara ante lo sucedido. Sobre los coros, se pudo haber aprovechado de mejor manera el coro masculino. Una ejecución con timbre másculino, a 3 ó 4 voces, habría arrojado una serie de efectos vocales que habrían hecho más interesante el transcurso de esta ópera. De las partes corales creo yo que se debe haber esperado mucho más: el pueblo, representado en los militares malogrados y sus familiares, pudo haber tenido mayor brillantez, expresividad, haber mostrado la angustia de las horas en el Servicio Militar, la preocupación de los mismos ante la proximidad de la muerte, el dolor y la pena de los familiares ante la absurda muerte que se los llevó. Sin embargo el autor optó por un camino inerte, sin expresividad, sin conmoción, sólo con absurdos efectismos que más parecen dejar a relucir las credenciales de un compositor que someramente domina variados lenguajes musicales sin dar a alguno de ellos ninguna relación o conducción lógica. No por menos resulta insuperable constatar, para quien domina medianamente el análisis musical de una ópera, que los coros en muchos casos de la literatura musical son en sí verdaderos personajes, que le dan expresión y carisma a cualquier ópera. Cito: Mozart, en prácticamente todas sus óperas, pero en particular obras como "La Flauta Mágica", en la que los coros de los finales de cada acto son majestuosos, y despliegan juicios o ideas, a modo de resumen, del sentir de la ópera, compartido por el público que lo escucha. Verdi, en "Va Pensiero, sull'alli dorate" de la ópera Nabucco, un coro sencillo de una mera línea melódica, presenta un anhelo de esperanza y libertad de un pueblo oprimido, en una época en donde dicho tema era obligado en la patria italiana y por tanto era imperioso que una obra calara hondo en quien la oyera. Richard Strauss, en "Salomé", una ópera en la que la acción individual es mayoritaria, se presenta un simpático y útil coloquio entre los sacerdotes, que a modo de contrapunto exponen de manera clara, y a su vez efectista en cuanto música y teatro se refiere, las opiniones propias de la tradición judía que supuestamente hablan de la venida del Mesías. Puccini, en "Nessun Dorma", de la ópera Turandot, el solista es acompañado, casi como una caricia, por el coro femenino, el cual genera el ambiente que lleva a ese emocionante y glorioso final del número de dicha ópera.La dirección de la orquesta, en manos de José Luis Domínguez, no admite discusión: cualquiera que sepa llevar un pulso con una mano y dar las entradas a los instrumentistas con la otra debería ser director de orquesta. Hasta un carabinero podría hacerlo mejor, sin agraviar. Definitivamente soy un convencido que no basta tener el puro instinto musical para pararse frente a una de las orquestas más importantes de Chile y más encima dirigir una ópera. Hay que tener además otras condiciones...

Sobre lo teatral:

Sobre el drama teatral de esta ópera, derechamente la música de esta obra es la que entorpece todas las acciones. La lentitud y el estiramiento innecesario a mi juicio de la corriente melódica que invade esta ópera perjudican también las alternativas que la ópera como teatro puede ofrecer. Yo creo firmemente que si la ópera hubiese sido más osada, menos efectista y hubiese respetado el tema principal de esta obra, cargada de emotividad, de acción, de dolor y por último de respeto hacia los soldados mártires de la patria, habríamos tenido ante nuestros ojos y oídos una ópera de calidad, fluida, veraz, y también realista en mostrar la historia que la opinión pública no conoce sobre este hecho que enlutó a Chile (en otras palabras, con menos recursos, como se estila actualmente en la música, el producto musical es más legible). Sobre esto último quiero hacer hincapié: la señora Paulina Urrutia, producido el estreno se refirió a que el arte es rupturista y crítico desde lo que está representando, y que esta ópera sería un claro ejemplo de ello. Por un lado me extraña que ella, que ha sido una actriz fundamental en el desarrollo del teatro en Chile afirme tal cosa, pero a su vez no me extraña que ella, que ha sido una pésima Ministra de Cultura y que ha cedido vilmente a las granjearías políticas en favor de la "elite cultural" y en desmedro del verdadero arte chileno, lo diga, pues al ver y revisar y analizar profundamente esta ópera, ésta en resumen muestra sólo hechos que todos a través de los medios de comunicación en su momento nos enteramos, y no muestra siquiera una mueca de crítica hacia quienes ocasionaron este daño. Personalmente yo esperaba ver más rudeza, crudeza y realidad en especial en el trato que los "pelados" reciben durante el servicio militar, cosa que se mostró en la ópera de manera muy somera, casi de manera ridícula (probablemente ideada de una persona que jamás en su vida vivió el rigor de la disciplina militar en algún regimiento de nuestro país), además por culpa del lento desarrollo de las acciones. En palabras más simples: quienes vimos esta ópera, imparcialmente, no podríamos generarnos una opinión a partir de lo que se vio, lo cual hace peligroso para una sociedad que no se generen estos espacios, pues si bien una obra de arte es una representación, es algo ficticio, el arte también es la reacción que los seres humanos tenemos ante la naturaleza y ante nuestro quehacer como humanos, la cual necesitamos representar para revivir, reconsiderar, aprender, juzgar y sentirnos identificados, por lo que cualquier obra de arte, aun siendo ficticia, contiene también en sí misma hechos u actos reales.

Conclusiones finales:

El género operístico es sin duda el más popular de los géneros de la música de tradición "docta". Hablar de algo docto supone tal vez encontrarse con algo elevado, urdido y elaborado con criterios superiores. Sin embargo en mis años como músico, desde que empecé hace 20 años aprendiendo el piano y cantando en un coro de niños, he ido aprendiendo que el mote de "docto" no tiene total validez. Digo esto desde dos puntos de vista distintos, de quién ejecuta y de quién escucha. Puede sonar a cliché el decir que la música tiene mucho de social, por el impacto, trascendencia y transfiguración que una persona o grupos humanos pueden tener en torno a la organización voluntaria del sonido. La ópera, en este sentido, es la que genera el mayor impacto: es dable que ocurra que al compartir con personas comunes y corrientes, al sólo mencionar el término "ópera" encontramos que la gente conoce a exponentes como al fallecido Pavarotti, Domingo, Carreras, Verónica Villarroel o Cristina Gallardo, tan en boga en estos días, entre otros, o bien recuerde números operísticos como el "Brindis" de La Traviata, el "Va pensiero" de Nabucco, la obertura y el "Largo al Factótum" del Barbero de Sevilla, el aria de la "Reina de la Noche" de la Flauta Mágica, y otros. La ópera es el género que más acerca a la gente común a la música "docta", por el atractivo que produce la feliz unión entre la música, el teatro, la literatura, el diseño y la danza, y porque esta comunidad de disciplinas artísticas hace que el público se sienta más que cercano, identificado entre todo esto. Por otro lado, desde el púlpito del intérprete, compositor, arreglista, profesor o musicantes todos, constatamos en nuestro quehacer profesional que en verdad el término "docto" en la música está muchas veces de sobra, pues al analizar y tener todos los detalles de una música cualquiera ante nuestros ojos, vemos que la sencillez, la sobriedad, y también la osadía y el rupturismo (casi como contradictorio), han hecho que las grandes obras de la música occidental sean lo que son: grandes. Y sorprende por lo demás encontrarse con que muchas de estas obras recurren a poquísimos recursos para convencer a quién lo escucha, muchas veces echando mano de influencias muy simples y también simpáticas como del repertorio popular. Qué felicidad da al notar que el tema del cuarto movimiento de la sinfonía nº5 de Beethoven no era sino un extracto de una ronda infantil por allá por el siglo XVIII-XIX. Qué regocijo produce que los valses de Strauss, que en nuestro medio chileno es resistido por los academicistas, ridículamente sobrevalorado por la elite, y tan común en el mundo de los comunes, no era más que la música popular del siglo XIX, lo que hoy sería equivalente a pertenecer a algún ranking de música.
Ante el estreno de esta ópera, mi situación como músico nacido desde lo popular y formado en lo "docto", y con todas las convicciones formuladas anteriormente, cifraba muchas esperanzas en ver en esta ópera reflejado de un modo real, concreto, audaz, y a su vez de manera cálida y sencilla, a nuestros modos y costumbres, en atención a la propaganda de ópera "nacional chilena" que se le dio en los días anteriores al estreno, de modo de sentir el mismo orgullo que en su momento los bohemios debieron haber sentido al haber visto "La Novia Vendida" de Smetana, o lo que los húngaros sintieron al verse reflejados en "Barba Azul" de Bartók, o lo que nosotros los mismos chilenos vemos con orgullo en el logro que significan para nuestro acerbo cultural obras como "La Pérgola de las Flores" o "La Negra Ester" (no esperaba por cierto, si es que alguien cree que yo esperaba eso, que esta ópera se transformara en una vulgar coreografía de cuecas y tonadas). Sin embargo, la sensación que queda al ver, revisar y recrear a través de los detalles de este escrito, la ópera "Viento Blanco" de Sebastián Errázuriz, es de la decepción más grande que queda luego de ver una obra que no supera a las otras pocas de su mismo género creadas en Chile. Sin caer en el prejuicio, con esta ópera tiendo a confirmar mi parecer hacia la chusma que habita y ronda el Teatro Municipal, ignorante y presuntuosa, y viene a mostrar cómo una elite percibe a su propio pueblo, como si en verdad fuéramos extraños, foráneos ante sus ojos, y constatar a su vez cómo el arte chileno cada vez está más lejano de Chile, cómo el arte "oficial" sigue estando en manos de estas elites culturales, que se arrogan la razón y el derecho de representar en un escenario un país que no existe sino en la mente castrada de sí mismos, y cómo la "chusma" que dirige este tipo de iniciativas pontifica sobre lo que claramente queda demostrado en mis palabras, no tiene competencia para pontificar.
Y en diciendo esto, concluyo diciendo que, así como óperas como "Lautaro" y "Caupolicán", sobre "Viento Blanco" espero que ésta haya sido su estreno e inmediata muerte. Pero, en el orden de cosas que estamos en Chile, es probable que la mediocridad supere a la cultura.

Monday, February 25, 2008

Un cuarto de siglo.

El jueves que se acerca cumpliré 25 años.
Recuerdo que en uno de los libros de Papelucho, éste mencionaba "un cuarto de siglo" al referirse a la edad su maestra de escuela.
Lo cierto es que al cabo de 25 años de residencia en la tierra uno se va encontrando con cosas, y las relaciona con otras del pasado, que lo hacen crear conciencia sobre el estado de vejez en el que uno va avanzando.
Antes, cuando iba en el colegio, siempre tenía problemas con respecto al acto de sentarse en uno de los aposentos del bus: algún adulto, por lo general de mediana edad, sexo femenino, rodeada de niños presumiblemente hijos suyos y cargada con bolsas del Pre-Unic, comenzaba a cargosearlo a uno para que de mala gana uno entregara el asiento. De ese hecho se desprenden variadas historias. Hoy en día me subo a un bus del Transantiago (que no distan mucho de los carruajes de antaño) y la diferencia que hay desde la época del colegio a nuestros días es que hoy incluso hay niños que le ven la cara a uno y le ceden el asiento. Da como para pensar...
Por cierto, otro detalle que he ido notando ha sido el uso del mp3. ¡De haber existido esa tecnología hace 10 ó 15 años atras! Me habría ahorrado mucho tiempo en rebobinar cintas de cassette en donde no cabían ni 15 canciones. Ahora en un mp3 que tengo tengo como 1500 canciones de todo tipo, y que van conmigo para donde sea sin ocupar mucho bulto. Qué gran invento de los japoneses, creo.
Luego, de pasar por inadaptado en mi adolescencia, y de haber aceptado mi derrota existencial, siendo el hazmerreir de los de mi misma edad, curiosamente con el correr de los años avancé en el escalafón social. No sé a pito de qué, pero la gente extrañamente me respeta. Tal vez a nivel de universidad encontré mi espacio, pero en otros espacios también me ha ido aceptablemente...
Me creció el pelo; en lo que resta de mi existencia se me irá cayendo.
...
Pero hay cosas que permanecen. Todavía me deleito con cosas invariables: el borgoña, las empanadas de pino, el Chavo (yo empecé a verlo en TVN), las conversaciones extensas, los juegos de video de Atari o Nintendo, las risas incontenibles con cosas que residen en nuestras mentes...
...
Siempre habrán instancias donde a uno lo juzgarán. Uno cambia en 25 años, pero uno tambien no cambia. El Pelao Merino, ex-decano de la Facultad de Artes de la U. de Chile, siempre hacía mención a la "permanencia y cambio" en sus clases de historia de la música. Hay cosas que subsisten y otras que cambian...Así son los humanos también, claro está.
¿Qué cosas, no?

Wednesday, January 03, 2007

La televisión penetra.

Ciertamente, como decía Pepe Tapia, "la televisión penetra".
Por eso es que, continuando la reseña sobre los 50 años de televisión chilena, he decidido que acá pongan los aportes ciudadanos de todas aquellas preguntas planteadas anteriormente (si gustan, también pueden plantear otras):

-¿Cuales serán los hitos más importantes que la televisión chilena transmitió en estos años?
-¿Cual será el programa más notable transmitido por la televisión en Chile? ¿Y el más malo?
-¿Quién será el(la) mejor animador(a)? ¿Y el más chanta?
-¿Cual será la mejor frase para el bronce dicha por la televisión chilena?
-¿Cual será la mejor telenovela nacional? ¿Y la más horrenda?
-¿Cual será el chascarro más hilarante transmitido por tv?
-¿Qué aviso comercial recuerdan más?¿Y el jingle más recordado?

Yo propongo algunas:
-Como hitos importantes de la televisión chilena, la transmisión del mundial de fútbol de Chile (1962), el Golpe de Estado a Allende (1973), la visita de S.S. el Papa Juan Pablo II a Chile (1987), los últimos 2 conciertos en Chile de Claudio Arrau (1984), la transmisión del mando a Aylwin (1990), el Colo-Colo campeón de Copa Libertadores (1991), el atentado a las Torres Gemelas (2001) y la muerte de Pinochet (2006).
-Como programa más destacado, obviamente el "Sábados Gigantes" de Don Francisco, junto a "Al Sur del Mundo" de los hermanos Gedda, "Mundo" de Hernán Olguín, el "Jappening con Ja", "Martes 13" y el "Mundo del Profesor Rossa". Mención aparte merecen todas las paradas militares y todos los Teletones. Los más malos recaen en "Rojo", "Mekano", "Viva el Lunes", todos los noticiarios de todos los canales (mención honrosa para el "60 minutos"), "Cachureos", "Morandé con Compañía", "A eso de..." (donde espiaron a Piñera), entre otros. Es esperable que muchos los haya dejado de lado.
-Buenos animadores, conductores o personal humano hay por montones: Raul Matas, Pepe Abad, Mario Kreutzberger, Octavio Sufán, Patricio Bañados, Sergio Silva, Enrique Bravo Menadier, Enrique Maluenda, Javier Miranda, Jorge Rencoret, Juan La Rivera, Rodolfo Roth, Alejandro Michel Talento, Fernando Villegas, José María Navasal, Hernán Olguín, Julio Martínez, Gabriela Velasco, María Olga Fernández, Gina Zuanic, Cecilia Serrano, Marina de Navasal, Eliana de Caso, Susana Palominos, Paulina Nin (antes que se volviera loca), Vivi Kreutzberger, Tonka Tomicic, entre tantos otros. Hediondos también los hay: Rafael Araneda, Jose Miguel Viñuela, Jorge Castro de la Barra, Eduardo Cruz Johnson, Pedro Carcuro (como animador), César Antonio Santis, Antonio Vodánovic, Patricia Maldonado, Raquel Argandoña, Kike Morandé, entre otros que no recuerdo ahora...
-Frases célebres: "Justicia divina", por Julio Martínez Prádanos por parte de madre de Valladolid; "Me pongo de pie", por Pedro Carcuro; "Qué'ice el púuuublico", por Don Francisco; "Oh, la weona maraca", por Jordi Castell; "Ahora la noticia soy yo", por Raquel Argandoña; "La televisión penetra" (con el ademán típico), por Pepe Tapia.
-A mi juicio, las mejores telenovelas nacionales son "Marta a las 8" (TVN, 1985), "La Torre 10" (TVN, 1984), "Los Títeres" (UC-TV, 1984), "Vivir Así" (UC-TV, 1988), "La Madrastra" (UC-TV, 1981), "Machos" (UC-TV, 2005) y por supuesto, la mejor de todas, "Ángel Malo" (UC-TV, 1986). Las telenovelas internacionales, por supuesto creo que son "Cuna de Lobos" (TVN, 1987), "Carrusel" (UC-TV, 1990), "Doña Beija" (TVN, 1989), "Pantanal" (TVN, 1992) y "La Esclava Isaura" (ámbas versiones, de 1976 y 2005, transmitidas por UC-TV, 1986 y Chilevisión, 2006). Las más malas son "Santiago City" (Megavisión, 1996), sin duda alguna, junto a todas las bazofias de TVN y UC-TV desde 1995 a la fecha, exceptuando la que mencionaba antes. La telenovela internacional más mala que recuerdo encuentro que es "Topacio" (TVN, 1988).
-Pienso que recordar chascarros lo lleva directamente a uno a recordar los Sábados Gigantes y prácticamente todas las leseras que ahí ocurrían: la vieja que rompió la flecha de la ruleta, el concurso de dobles, el Chacal de la Trompeta (Decir te quiero, decir amor...), y así sucesivamente. Mención honrosa merece Cristián García-Huidobro, que en el Desjuesves se le salió un coco cuando intentaba parodiar a una candidata a Miss Chile en traje de baño. Y otra mención honrosa merece la entrevista a Roberto Matta en Francia: con motivo de la visita de Eduardo Frei Ruiz-Tagle a Francia, los periodistas chilenos y extranjeros se le acercaron en masa a entrevistarlo, y todas las preguntas en los distintos idiomas las respondía en francés, incluso la de los periodistas chilenos. Cuando Monica Cerda, periodista de UC-TV, le exigió que respondiera algo en español, éste dijo "POTO".
-Comerciales memorables hay pocos en realidad; la publicidad cuesta retenerla en la mente durante mucho tiempo. "Cómprate un auto, Perico", por el Banco de Santiago, "Y ni me moví de mi escritorio", por Financiera Atlas, "Si camino no hablar, nadie venir", por Neumáticos Firestone, "Tóquenla de nuevo", por el Té Repítame, "Quiero caricia...de guinda", por Refrescos Caricia, "Faundez", por celulares de la CTC, "De Cachiyuyo pue, jeje" por la Compañía de Teléfonos de Chile, "La despedida de mi hermano Manuel" y "La calidad va por dentro" de Clos de Pirque, o el comercial de Pisco Control en que la mina se caía al agua con cocodrilos y el viejo rescataba la botella. Jingles...pff, imposible recordar tanta cosa: con suerte me recuerdo del jingle del mundial de México 1986: "México '86, México '86, donde se vive la emoción. / México '86, México '86, el mundo unido por un balón".

En fin. Os dejo la palabra.

Saturday, July 30, 2005

Historia nacional de la música de Chile

El otro día me surgió una inquietud, a propósito de un acto al cual siempre yo accedo cada vez que me alcanza la plata: voy religiosamente a una casa de discos del centro de Santiago, a ver qué de novedoso ha llegado, y por lo general, siempre me voy con algún CD o DVD en la mochila, previo desembolso de una cantidad de dinero.
A cualquier persona le debe parecer demasiado caro ir a tiendas como la Feria del Disco. Y no se equivocan. Y luego de eso viene la típica reflexión sobre el viejo problema de que la música "pirata" es más barata conseguirla, y que los productores de música de los maleantes de los sellos discográficos tienen la culpa que exista tal delito.
De ser así, yo pienso que lo más probable sea que en todo el mundo la piratería sea un problema gigantesco, pero no me extraña saber que de acuerdo a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, los países con mayor índice de piratería son China y Chile. Nuestro larga y angosta faja de hipocresía tiene a su haber tristes records como ser que cuando Harry Potter estaba a 2 días de salir en venta en Inglaterra, en Ahumada con Moneda ya estaba siendo vendido por un grupúsculo de delincuentes (sobre aquel libro tengo mis objeciones, pero es un buen ejemplo de lo que quiero ilustrar).
La gente se va por lo más barato, evidentemente. ¡Quién no lo haría! Lo que trato de hacer no es defender el bolsillo de los artistas, y menos de las compañías discográficas. Pero si Chile es un país altamente delictivo en cuanto a tratados sobre la propiedad intelectual se trate, no es porque sí, todo tiene su origen.
Ayer yo estaba presente en una clase de Música en Chile y América, impartida por Fernando García, Premio Nacional de Artes 2002. Dentro de la clase se hablaba de la historia de la música chilena, desde la colonia y hasta el período post-independencia. El profesor hacía una comparación sobre la música catedralicia que se hacía en Chile, comparada con las músicas catedralicias de otros lugares de América. La Catedral de Santiago, opuesta a las catedrales de Lima, Buenos Aires, Bogotá, Guatemala, México y otras, simplemente no tiene nada que aportar. La cantidad de música de variopintos estilos que se hizo en estos lugares es amplísima, versus Santiago, en la que hay casi nada de música, pues poco se hizo, y lo que se alcanzó alguna vez a conservar, simplemente se perdió.
Luego, decidí ir a mirar la enciclopedia de música de Hispanoamérica, editada en España. Cuando uno busca América en dicho libro, mencionan a México, Brasil, Argentina, Perú, Venezuela, Cuba, como grandes centros de la música latinoamericana (docta, me refiero). De Chile se mencionan unas pinceladas de datos sin importancia.
Luego busqué Chile en la enciclopedia: ahí terminé de decepcionarme. Chile nunca ha dado importancia a la música, sin duda alguna. El único que le dió verdadera importancia fue Bernardo O'higgins. El Director Supremo ordenó en 1820 crear todo tipo de bandas, orquestas, y liberó de todo tipo de impuestos a la internación y adquisición de instrumentos musicales. Eso duró hasta cuando abdicó en 1823, y desde esa fecha, ser músico en Chile es un castigo más que una virtud. Los datos obtenidos sobre Chile en dicho libro son raros, hilarantes incluso, y muestran la poca cultura y capacidad creativa de los artistas nacionales, y el trato desdeñoso del Estado chileno hacia las artes en general. La música chilena, para el dolor de muchos (y lamento decepcionar a la mayoría con este comentario) NO TIENE HISTORIA.
Entonces no sé porqué se me vino a la mente el pueblo vikingo. Estos pericos vivían saqueando pueblos, matando gente, apropiándose de lo que no les pertenecía. Luego asocié eso con los piratas que asolaron nuestras costas durante la colonia: invadían, mataban, saqueaban y se iban. Los piratas eran eso: simples delincuentes a gran escala. Y como iban de un lado para otro, estos tíos tampoco tienen historia, al menos identificable en un libro.
Los piratas de hoy no matan ni incendian pueblos, pero roban a gran escala. Sospecho que si nuestro pueblo, musicalmente no tiene historia, entonces la tradición musical popular y docta de nuestro país esta basada en la vulgar piratería.
Y basta con ver ejemplos vergonzosos de cómo nuestro país es más bien un bastión colonialista en vez de un garante de la libertad de nuestros vecinos, incluso de nuestra propia gente: con sólo imaginarse la manerita que el Estado chileno "pacificó" la Araucanía, o cómo hizo para arrebatarle el territorio litoral a los bolivianos, nos queda claro que los chilenos somos unos verdaderos "piratas".
Lo pirata lo llevamos en la sangre. Siempre el chileno busca adelantarse a las situaciones, busca sacar provecho de todo cuánto haya a su alrededor. Por eso y cuánto haya, los chilenos son mal mirados en el extranjero, por formar literales mafias en ciudades europeas, asociados para el robo.
Los piratas no sólo actúan por fuera de la ley, sino que también lo hacen amparados por la misma, viéndose reflejado en la manera cómo los empresarios de este país le quitan el dinero a la clase trabajadora, a través de triquiñuelas como las AFP o las ISAPRES. Y por cierto, el Estado también lo hace, tapando a impuestos inservibles a la gente, ahogándolas en sus misérrimos salarios.
¿Cómo lo aplico esto a la música? Simple: el pirata a cargo de las empresas discográficas monta un disco sin valor alguno, sobre música apátrida (llámese Axé, Reggaetón, etc.) y por cierto sin historia y sin futuro. No le interesa la música hecha por verdaderos artistas, porque no les va a dar muchos provechos, entonces ponen la música a precios inalcanzables, lo que aprovecha el pirata delincuente que plagia esta música y la ofrece en la calle, muy por debajo del valor que esta debiera tener.
Esto pasa en un país, como dije antes, que no tiene historia. Por eso es que no se proteje como debe ser a los creadores y/o intérpretes. Y muestra también que la música, actividad que en otros países tiene una importancia capital y que es el resultado de procesos mucho más complejos y dignos de análisis, en Chile es vista como una simple mercancía a la cual hay que vender, a menor o mayor costo, dependiendo de las variaciones del mercado.
Al abrir las innumerables colecciones de música que me he comprado, siempre me he encontrado con un folletín en el cual se describe la historia que hay tras tales obras. En la colección de la obra religiosa de Bach me encontré con un librito de 60 páginas con todo lo relativo a esas obras. Entonces traté de encontrar algún CD u otro medio en el cual hubiera algo parecido, pero tratándose de música nacional. Compré un CD de Cecilia, y al abrirlo me llevé una decepción: no decía nada, siendo que sobre Cecilia, y otros artistas chilenos, se puede escribir miles de libros de estudio sobre sus obras.
Busqué en otros lados a ver si esto se repetía: encontré un arsenal de vinilos en mi casa sobre muchos autores. Todos tenían una breve reseña sobre sus obras, todos datos contundentes. En muchos de estos discos había una leyenda impresa, la cual me resulta decidora a la hora de dar una comclusión sobre lo que he estado diciendo: "DISCO ES CULTURA".
¿En qué momento en Chile la música y su soporte tecnológico dejó de ser cultura? Pueden haber muchas respuestas, y no hablaré de eso ahora. Pero la consecuencia es clara: tenemos un país invadido de mierda musical foránea flotando por todos lados. En nuestro propio país también hay entes que expelen mierda al ambiente. Y la verdadera música se encuentra entrampada en todo este piélago de calamidades.
"La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos" decía Shakespeare en el "Julio Cesar". Quiero decir, la culpa de que todo esto ocurra es también del estado llano, del pueblo que gustoso come mierda. De aquellas gentes que gustan de matar la historia consumiendo esta basura. De aquellos que buscan ganar ventaja, bajando la música de internet.
Es cierto, señores, que lo que importa es la música. Pero la música no sólo es lo que suena, sino todo lo relativo al sonido: la historia, el análisis, la pedagogía, miles de áreas asociadas a ella son parte de ella. Por eso es que decir que sólo el sonido importa es errado. Al hacerlo, le dan la razón a todo este imperio "pirata" que trata a la música como mercancía vulgar, y los que pretenden defender la música a través de esa afirmación, cada día más la están enlodando, tratando como una vulgar puta barata que se ofrece al mejor postor.
Por eso mismo, a estas alturas del partido, prefiero, con el dolor de mi alma, abstenerme de comprar un CD que cuesta 10 veces más de lo que cuesta en un país desarrollado y 10 veces menos de lo que cuesta en este país, Chile, máximo exponente del tercer mundo. Y si la tentación no la puedo resistir, prefiero hacer mis asuntos de manera legal.
Espero que en un tiempo más ser parte de la solución del problema.